domingo, 18 de octubre de 2009

Che Camilo II

Yo sé… en el fondo, sé que deseas mi oreja izquierda. Esa parte dulce y salada. Orejas que pueden ser niños o elefantes hoy. Y tu lengua entendiendo cercano un vaso de cerveza, vacío, esperando ser mordido, tal caramelito de miel, piecito de niño, angelito de mar. Quiero esponjas en mis manos. Quiero. Acá tus uñas, tus uñas esponjeando el cielo. Sí, mirando las estrellas y llegando, a los niños. Hoy somos niños. Un niño que busca para comer una moneda, y de vivir se lleva besos y sueños: de mariposas eternautas, de sol sirenitas, gotas. Agua: olas y arroyitos. Aún así, mujerarroyoniña, quiere agua de vos. De mí. De todos. Ser fuentecita con deseos. Porque me sigue gustando que me hables y me escuches los colores. En el centro de tu cuerpo, encendido al verme la piel roja y acaracolada, se suceden traducciones gigantes de arcoiris (me contás lo que suena el rojo y el azul). Unas gotitas de lluvia ves caer por la ventana. La ventana me permite ver la noche y en la noche a vos, mirando las gotitas que se deslizan deliciosamente.
La noche escucha.
La noche avanza.
Nada espera por nosotros.

Che Camilo I

Busco en la mirada aquello que no encuentro en los roces. En los ojos que insinúan, se muestran, y escriben los ciclos, y los mundos. Aquí yo y lejos el lobo de mi, y la penumbra, de sexo húmedo, jadeante (la intensidad tiene rastro de agobio). Una locura, hipnótica, conducida deprisa deprisa: la vida. Cuando nos paramos en el vacío, y el mundo los mundos se detienen, recién en ese instante, a veces, comprendemos lo que es vivir. Y la sonrisa, una línea curva que intenta enderezar la vida, sí, esa vida. Cualquier cosa puede suceder… no mirar, pasar sin ser, sin estar, solo no ser. O quizás ser, y entenderse un circuito vegetal con nombre de lluvia, que se cuida del azar y las locuras, del amor de cinco amor. Cinco, amor, amores, cinco amares y yo.
Que ando vagando y en búsqueda, de lo que de la moneda se llama, otra cara. Lo incognoscible, el misterio.
Una moneda en el aire que gira y en el agua de una fuentecita cae, y deposita en la tierra un deseo: conocer al hombre de ojos azules.

miércoles, 14 de octubre de 2009

ColorSusurro

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