jueves, 5 de noviembre de 2009

Algunas palabras que nos han escrito...juaz

Hola aquí subo un par de textos que representan un poco, al parecer de mi, o sea Heber o Gelbert, lo que somos, hacemos, sentimos, deseamos con los susurradores..
que lo disfrutenn...


Los Narradores de Historias - Alejandro Dolina


Existen pocos datos acerca de los Narradores de Historias. Nunca se supo de dónde venían aquellos hombres vestidos de negro. Llegaban en bicicleta al anochecer y recorrían la plaza canturreando un pregón suave.
- Historias, historias. . . ¿quién quiere oír una buena historia..?.
Sus mejores clientes eran las parejas de enamorados, los linyeras, los Hombres Sensibles de Flores, los Muchachones Crueles y los Refutadores de Leyendas, que se hacían contar historias para no creer en ellas.
Cuando no había candidatos, los Narradores intercambiaban relatos entre ellos mismos.
Y a veces, en las noches lluviosas, los caminantes vislumbraban siluetas solitarias contando historias al viento.
Un rato antes del amanecer, se iban con rumbos diferentes, a veces interrumpiendo una frase, como si obedecieran a alguna señal secreta. Sus nombres eran desconocidos y a decir verdad, la gente apenas si distinguía a algunos de ellos con apodos más bien ocasionales, como El Barbudo, El Morochito o El Petiso.
En el barrio del Angel Gris y en otros rincones de la ciudad cunden narradores aficionados que relatan, con la mayor torpeza y el mayor amor, sus cotidianas peripecias de oficinas. No hay que perder las esperanzas. Recorramos la plaza noche tras noche, tal vez en el momento menos pensado oigamos el antiguo pregón...
- Historias, historias. . . ¿quién quiere oír una buena historia..?.

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Cosas - Juan Gelman


Los atacantes del amor
enmascarados por el mundo
asaltan en la calle

cuidado son terribles
aman como porfiados
quieren de pura voluntad

o la memoria les funciona
de modo tal que les importa nada
el odio el gran castigo
y besan contra todo

contra todos también confiando
que alguna vez alguien alguno
empuñe su ternura
empiece a fusilar

domingo, 1 de noviembre de 2009

Salpicón de colores y palabras


En las 24 horas de Arte la brisa provenía de palos mágicos.

Un par de tubos de cartón mojaban con poesía los caracoles de la gente;
le mimaban el cuerpo y le adornaban el alma.
En ellos, se dice, habitaba un conejo lleno de pósimas suaves que erizaban la piel.
La gente, inquieta y sorprendida ante semejante locura, no paró de hablar y examinar tal situación y tales objetos.
Se trató de descubrir que son y que hay en ellos, y aunque nadie se animó a verles el interior, se aseguró de que tienen estrellas y mundo-corazón, además del conejo.
La fiesta continuó, y los exámenes no pasaron a mayores.
No obstante, algunas personas confiesan haberlos visto traficando silencios.


En tapa, los responsables del acto.





vALENTIN

martes, 27 de octubre de 2009

y pues ahora en Córdoba...


A una niña en Radio Nacional le preguntaron qué fue lo que más le había gustado de la Feria del Libro de Córdoba 2009 ella dijo:
-los susurradores
-¿y qué son los susurradores?- pregunto sorprendida la conductora y la niña añadió:
"son palos de colores que cuentan cuentos"

Y luego siguió con la gran Mirta Colángelo


"En la poesía las palabras se iluminan, destellan, llamean. Leer poesía es poder leer lo invisible." M. C.


Mirta Colángelo es educadora por el arte. Nació en Buenos Aires y actualmente vive en Bahía Blanca. Se especializó en Literatura infantil y juvenil. Es narradora oral y coordinadora de talleres de lectura y escritura creativa.

SOBRE SU COMIENZO CON LA POESÍA NOS DICE...
“Evocando a Dylan Thomas puedo decir que desde chica me enamoré de las palabras y todavía estoy a merced de ellas. Aún sin importarme lo que querían decir había palabras que ejercían en mí una profunda fascinación. Recordaba y repetía con facilidad pequeños poemas que venían de boca de mi abuela gallega que también era una fantástica contadora de historias. Y aunque esto sigue siendo un misterio para mí es probable que allí se haya gestado lo que es mi entrañable relación con la literatura, una manera de estar parada frente al mundo”,

SOBRE LOS SUSURRADORES:
EN un email nos agrega un poco de magia a lo que ya sabemos de los franceses:

"POR FIN ENCONTRE MI VARITA MAGICA

El susurrador, o llamado por mí BENTEVEO o varita mágica, es también, entre tantas otras imaginerías, un tubo pescador de estrellas.

Remite al mismísimo origen de las varitas mágicas.

Horacio Tignanelli, amigo entrañable, que es astrónomo y titiritero, me contó que éstas eran usadas desde la antigüedad por los magos para curar todo tipo de males.

Era costumbre que, tal como siempre lo hizo el hombre, los astros fueran observados por tubos que en un principio eran de origen vegetal .

Pero los magos enfocaban una estrella con el tubo y proponían pasar la luz de la misma a la zona afectada. Decían que esa luz era curativa de males del cuerpo y del alma. (Sobre todo, decían que eran infalibles para curar los males de amor)

De ahí que las varitas construidas tiempo después tengan una estrella en la punta.

Los susurradores que ofician de tales practican una trémula metamorfosis: otra luz, la de la voz regalando un poema, es la del placer extremo y seguro que también mitiga todo tipo de males…"


La bella Mirta expande susurradores por todo el país, junto con la palabra, junto con su amor...

también es amiga de las plumas y de los caleidoscopios!!!


COLOR SUSURRO TE CELEBRA!!

Les Souffleurs


Y TODO COMENZÓ EN FRANCIA...

Silenciosos y sutiles como gatos, aparecen y desaparecen después de dejar su huella. "Irrumpimos con fuerza, pero también con ternura y serenidad. Actuamos despacio, susurramos a la gente y nos marchamos en silencio y sin esperar aplauso", cuenta Olivier Comte.

El resultado es casi siempre una mezcla de incredulidad y emoción: "La gente no sabe muy bien como reaccionar pero lo más típico es que se emocionen por lo que acaban de vivir. Muchos llegan incluso a llorar".

En la memoria guardan el recuerdo que demuestra como una sesión de poesía susurrada puede, de verdad, parar el mundo: "Un día fuimos a un periódico de París. Entramos en la redacción, llena de gente y ruido y actuamos durante media hora. Ya después de salir del edificio recibimos una llamada de uno de los periodistas, asombrado. 'No han sonado ni los teléfonos', decía. Y sí que lo habían hecho, pero ellos ni se habían dado cuenta", recuerda Olivier Comte.